domingo, 12 de mayo de 2013

Huye


Era el invierno de mi vida… y los hombres a los que conocí en la carretera se convirtieron en mi acogedor verano. Por las noches caía dormida visualizándome bailando, riendo y llorando con ellos. Vagar tres años por un camino sin fin y mis recuerdos de ellos eran lo único que me sostenían en pie a mi y a mis únicos momentos de felicidad. Era cantante, no una muy popular; una vez soñé con ser una bella poeta, pero una serie de desafortunados acontecimientos dividieron mi sueño en pequeños pedazos, como un millón de estrellas por la noche a las que deseé una y otra vez brillantes y rotas.  Aunque la verdad no me importó mucho porque sabía que hacía falta conseguir todo lo que uno quería y luego perderlo para saber lo que era la libertad. Y cuando la gente a la que conocía veía lo que estaba haciendo, cómo estaba viviendo, me preguntaban por qué lo hacía… pero no podían entenderlo si sabían lo que era tener un hogar. No tienen ni idea de lo que es buscar seguridad en extraños. Siempre fui una niña extraña. Me dijeron que tenía el alma camaleónica, sin una ‘brújula moral’ apuntando al norte, sin personalidad fija: solo indecisión, tan ancha y en movimiento como el océano. Y si dijese que no tenía un plan para cambiar esto estaría mintiendo, porque nací para ser la otra mujer: no pertenecía a nadie y pertenecía a todo el mundo. La que no tenía nada y la que lo quería todo con el arder de las experiencias y una extraña obsesión por la libertad que me asustaba tanto hasta el punto de no hablar nunca de ello. Y esto me llevó a un punto de locura que tanto me enloqueció como me deslumbró.
Solía rezar cada noche con la esperanza de encontrar a los míos, y al final lo conseguí, a lo largo de la carretera. No teníamos nada que perder ni nada que ganar, nada que deseáramos, excepto hacer de nuestras vidas obras de arte: vivir rápido, morir jóvenes, ser salvajes y divertirnos. Creía en la América de siempre, creía en la persona en la que me quería convertir, creía en la libertad y en las carreteras. Creía en la amabilidad de los extraños, y cuando tenía alguna guerra conmigo misma huía, simplemente huía. ¿Quién eres? ¿has llegado a rozar alguna vez tus fantasías más oscuras? ¿has creado una vida perfecta en la que puedes experimentarlas? Yo lo hice. Estaba jodidamente loca, pero fui libre.

sábado, 11 de mayo de 2013

Libertad

¿Hay palabra más bonita que libertad?
Porque a mi me sabe felicidad,
me sabe a fe en la humanidad,
a las hojas frescas de la primavera,
a calurosas noches de verano en un bosque,
a amaneceres a la orilla del mar.
Me sabe a sonrisas infinitas
y a miradas a punto de estallar,
a dejar de pensar en las limitaciones del mundo
y empezar a contemplar sus extensos infinitos,
a baños nocturnos en la playa,
a besos sin miedos
y a olvidados "pero y si..."
Ni amor, ni respeto, ni paz,
Libertad es la palabra más bonita
pues en ella viven las demás.


Carta a un lugar lejano.

El ir y venir de tu ser en mi vida me producía una sensación tan desesperante como la de tener un agujero en el corazón, un agujero imposible de llenar a pesar de mis fallidos intentos por olvidarte durante largas noches con mi fiel amigo el gin-tonic. Esa sensación asfixiante parecía no querer despegarse de mi, y cuando dejaba de ahogar tan fuerte, creía verte entre la gente, creía oler tu perfume por las calles y creía abrazarte en sueños. 
Por un instante pensé que me estaba volviendo loco, quizás padeciese algún trastorno o estaba desarrollando alguna enfermedad mental que me causaba esta sensación de vivir sin ningún sentido, como un fantasma que vaga sin rumbo y sin destino por un mundo al que no pertenece. Pero para mi desgracia no era locura lo que a mi me mataba, no era algo irreal que mi mente enferma había creado, era algo muy real, era yo echándote de menos llorando bajo aquellas sábanas a las que confesamos tantos secretos por las noches, era yo sin hambre, sin alegría, sin ambiciones. Era yo vacío. Un hombre con el alma rota al que se le había olvidado cómo sonreír, y no solo porque te habías escapado de mi vida sin avisar, sin darme tiempo a asimilarlo, sino que te habías escapado de la vida en general, y eso destrozaba aún más la mía. Sólo te guardo en mis crueles recuerdos. Es algo difícil de entender para quien no sabe de lo que hablo. Mi querida Lana, mi preciosa rebelde, quien me ha enseñado tanto... te escribo porque si no lo hiciera me volvería aún más loco y acabaría pegándome un tiro en la sien. Te quiero, te quiero,
te quiero.

viernes, 10 de mayo de 2013

Chica, pronto serás una mujer

Chica, pronto serás una mujer.

Y sigo recordando aquella noche
tras una tarde de vinos y besos
corriendo como niños por las calles,
y llegar a tu oscuro apartamento,
servirnos más vino barato
como dos buenos tristes borrachos
que suene nuestra canción
y desnudarnos rociándonos con alcohol
y seguir emborrachándonos 
a base de esos buenos y ebrios besos...


Los callejones de sus ojos

Era inevitable no perderse en esos ojos
en esos enormes y oscuros ojos
sus inteligentes ojos
sus brillantes y preciosos ojos
capaces de encontrarte
capaces de atravesarte hasta doler
capaces de transmitirte
esos ojos que me perdían
que me hacían viajar a sus ciudades
y vaguear por sus callejones hasta encontrarle,
bajo alguna farola a medianoche 
y seguir contemplando su alma
a través de esos enormes y oscuros ojos,
sus ojos.

jueves, 9 de mayo de 2013

Cigarrillos, sexo y recuerdos.

Le echaba de menos. Aquellos tres meses sin él comenzaban a pasarle factura: ya se había acostumbrado a la angustia y a la soledad y se dejaba los restos del sueldo en tabaco. Estaba convencida de que había entrado en la fase autodestructiva tras el desamor: el aislamiento, la negación y la desesperación. Ya se había acostumbrado a no tener a quien abrazar al despertar y a no tener a quien follarse antes de dormir aunque eso le seguía provocando un inmenso dolor en el pecho, así que cada noche, como si se tratase de una oración, le lloraba. Una de esas tristes noches salió al balcón, se encendió un cigarrillo y se apoyó en la baranda. Dios, le echaba tanto de menos... así que echó uso de su memoria, recordó su primera vez juntos, tras una discusión que acabó en una mutua confesión de amor, una noche lluviosa en el portal de él; el apasionado beso no tardó en llegar, de esos besos que te cortan la respiración y provocan suspiros de felicidad. Una mirada, otro beso y un fugaz trayecto en su ascensor, con sus dedos bajo su falda, acariciando sus muslos hasta llegar a su punto de unión. 4ºA, tirados en su cama y las lágrimas de ella contenidas por la pasión, él ya la había desnudado casi por completo y ella le seguía besando mientras le desabrochaba la camisa y recorría con sus dedos el pecho del hombre del que estaba enamorada. Ya desnudos, su boca comenzó a descender al su cuello, de éste a sus pechos, mientras la llevaba al cielo con sus dedos entre sus piernas, haciendo que su respiración se entrecortara y arqueara su espalda mientras él la sujetaba con firmeza. Quería darle todo el placer que merecía, y ella lo sabía. El baile de dedos cesó y los roles cambiaron, él estaba sentado en la cama y ella sobre él. La sensación que tenía en el momento es que en cualquier instante podría arder en llamas, y mientras se besaba, se miraban y se volvían a besar, comenzaron a hacer el amor, y apoyada en la baranda consumiendo su cigarrillo, las lágrimas no tardaron en llegar para cuando él la agarraba del pelo y la pegaba a él mientras ahogaba su orgasmo con un beso.
El cigarrillo ya se había consumido hace un rato y las lágrimas acariciaban sus tristes labios. No iba a volver, lo sabía y eso la mataba. Ya no tenía corazón, solo un enorme hueco dentro de su pecho, un terrible vacío que solo podía compensar llorando y recordándole. Apagó el fugaz consumido cigarro, no más muerto que ella por él.

M

Madrid
tan electrizante
tan caótica
tan paralizante
tan fría y cálida,
con tantas miradas vacías
con tantos corazones heridos
con tantas ilusiones rotas
entre mi Sol y tu Ópera,
esos corazones que en ti una cura buscan,
y vaguean por tus calles
intentando encontrarte, Madrid,
intentando encontrar esperanza.