Lo más probable es que todos hayáis conocido a uno, al menos, en vuestra vida. Puede tratarse de un familiar, vuestra pareja, un compañero de clase o de trabajo, alguien cercano a vuestro círculo de amistades... cualquiera. ¿Pero qué es exactamente un
vampiro emocional? Es simple: se llama así a aquellas personas que, si estás muy expuestas a ellas, te deprimen o te amargan, literalmente.
Suelen tener un gran complejo de inferioridad, pero nunca lo reconocerán (a veces ni siquiera son conscientes de que lo tienen). No esperes que se alegren por ti cuando te ocurra algo bueno: no lo harán, de hecho, es muy probable que te saquen algún "pero" para fastidiarte el momento. Nunca reconocerán tus éxitos, sean del tipo que sean, intentaran infravalorarlos para hundirte.
De ellos nunca escucharás un "¿te han ascendido? ¡eso hay que celebrarlo!", "¿Ese vestido es nuevo? te queda genial". En cambio te hartarás a oír de ellos cosas como "Bueno, tampoco es para tanto, es que tu trabajo no es difícil" o "No sé, es un vestido normal, aunque yo no me lo compraría". Sí, por increíble que parezca, hay gente con esta gran capacidad de generarte ganas de darles una patada en la boca.
Centrándonos más en ellos, en el fondo son personas con muchas inseguridades, lo que conlleva a que sean envidiosas. Nunca intentes explicarle esto a alguien así: lo negarán. Porque son así, odian lo que son y a la vez aman ser así de miserables, por eso intentan joder los buenos momentos de los demás: por placer y necesidad. Estas personas alardearán hasta hartarse de que son muy humildes, sencillas y respetuosas
(y una mierda), de hecho, criticarán como si no hubiera mañana a todas aquellas personas seguras de sí mismas, optimistas, felices y que su personalidad resulte atractiva. Volvamos al ejemplo del vestido: otro vampiro podría haberte dicho perfectamente "Qué creída eres con la ropa, ¿no?". Su objetivo es simple: joderte.
Supongo que algunos conoceréis a alguien así, el mundo está lleno de esta gente. Hay que tener cuidado con estas personas, puede sonar muy
rollo-espiritual pero es cierto: esa personalidad puede contagiarse. Si se dedican a amargarte, acabarás amargándote y serás un amargado. Lo más eficaz es evitar lo máximo posible el contacto con estas personas; no es necesario que les expliques por qué, de hecho hacerlo sería un error, simplemente cierra el grifo, evítalos y jamás de los jamases les cuentes tus triunfos (y muchos menos tus derrotas).
El truco está en conocerlos más de lo que ellos mismos se conocen, y luego desaparecer.